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VERSOS CONTRA LA GUERRA

Es el momento del poeta, de la palabra lúcida y clarividente, conjuro contra tantas voces huecas, contra tantas palabras cínicas que nos arrastran al vacío y a la incomprensión.
Hay que hablar antes de quedar mudos; levantar la voz antes de perderla ante el estupor y la vergüenza de la guerra.
Hemos reunido con premura los versos de algunos de los más grandes poetas que vivieron, sufrieron y clamaron contra la guerra. Colabora tú, lector o lectora, con nosotros haciendo crecer esta apresurada antología y une a los suyos tus propios versos. Toma la paz y la palabra. Si conoces algún poema relacionado con la paz o has escrito tus propios versos, puedes envíarlos a .

¡CONSIGAMOS CON PALABRAS PARAR LA GUERRA Y LOGRAR LA PAZ!

COLABORACIONES
POEMAS SOBRE LA PAZ (Autores varios)

Pound- Hught Selwyn Mauberley

Todos murieron
Algunos creyendo
Pro domo
Algunos rápidos en armarse,
algunos por amor a la aventura,
Algunos por miedo a la debilidad,
Algunos por miedo a la censura,
Algunos por amor a la violencia, en la imaginación,
Aprendiendo más tarde.
Algunos por miedo, aprendiendo a amar la violencia

Murieron muchos, pro patria.
Non dulce not et decor.
Y caminaron con ojos hundidos a los infiernos
Por creer en las mentiras de los viejos, luego descreídos
Volvieron a casa, a cama a las mentiras,
A casa a muchos desengaños,
A casa a las viejas mentiras y a nuevas infamias;
A la usura

Y a las mentiras en los lugares públicos.

Atrevimiento como nunca antes, desperdicio como nunca antes.
Joven sangre y sangre de alcurnia,
Dulces mejillas, y maravillosos cuerpos:

Fortaleza como nunca antes

Franqueza como nunca antes,

Desilusiones como nunca se habían dicho antes,

Histerias, confesiones de trinchera,

Carcajadas que salen de vientres muertos

Murieron a miríadas,

Y algunos de entre los mejores,
Por una perra vieja sin dientes
Por una civilización podrida

Por dos gruesas estatuas rotas
Por unos pocos libros estropeados

PAZ-Rafael Alberti

"Lo grito aquí: ¡Paz! Y lo grito
llenas de llanto las mejillas.
¡Paz, de pie! ¡Paz! ¡Paz, de rodillas!
¡Paz hasta el fin del infinito!
No otra palabra, no otro acento
ni otro temblor entre las manos.
¡Paz solamente! ¡Paz, hermano!
Amor y paz como sustento."

LA PRIMAVERA HA VENIDO-Rafael Alberti

La primavera ha venido
dejando en el olivar
un libro en cada nido.
Vivir leyendo, leyendo
mientras la paz en el mundo
no se nos vaya muriendo.
Paz, paz, paz para leer
un libro en el alba
y otro en el atardecer.

MENSAJE DE JUAN PANADERO AL CONGRESO MUNDIAL POR LA PAZ-Rafael Alberti

(Fragmento)

Aquí estoy. Aquí ya estamos.
No tenemos cara. Somos
el planeta que habitamos.
Venid. No tenemos nombre.
Aunque todos respondamos
a una misma luz: el hombre. (...)
Matadnos. Nos mataréis.
Pero es más fuerte la vida
que la muerte que ofrecéis.
Y al fin correréis la suerte
de los que matando llegan
a darle a su vida muerte. (...)
¿Queréis la guerra? No iremos.
Con la paz entre las manos
por arma, os enterraremos
¡Paz al mundo! Corazonesarrebatados y unidos
de millones y millones.
Paz para toda la gente.
Se abran y cierren los ojos
del día tranquilamente. Paz en todos los hogares.
Paz en la tierra, en los [cielos,
bajo el mar, sobre los mares.
Paz en la albura extendida
del mantel, paz en la mesa
sin ceño de la comida.
En las aves, en las flores,
en los peces, en los surcos
abiertos de las labores.
Paz en la aurora, en el
[sueño.
Paz en la pasión del grande
y en la ilusión del pequeño.
Paz sin fin, paz verdadera.
Paz que al alba se levante
y a la noche no se muera.
¡Paz, paz, paz! Paz luminosa.
Una vida de armonía
sobre una tierra dichosa.
Lo grita Juan Panadero.
Juan en paz, un Juan sin guerra, un hombre del mundo entero.

Cubrefuego - Paul Eluard

Qué queréis la puerta custodiaban
Qué queréis estabamos recluidos
Qué queréis la calle interceptaron
Qué queréis la ciudad estaba herida
Qué queréis la ciudad estaba hambrienta
Qué queréis estabamos sin armas
Qué queréis la noche había caído
Qué queréis así nos amamos.


(De "Poesía y verdad" 1942)

Libertad - Paul Eluard

Sobre mis cuadernos de escolar
Sobre mi pupitre y los arboles
Sobre la arena sobre la nieve
Escribo tu nombre

Sobre todas las paginas leídas
Sobre todas las paginas en blanco
Piedra sangre papel o ceniza
Escribo tu nombre

Sobre las imágenes doradas
Sobre las armas de los guerreros
Sobre la corona de los reyes
Escribo tu nombre
Sobre la jungla y el desierto
Sobre los nidos sobre las retamas
Sobre el eco de mi infancia
Escribo tu nombre
Sobre la maravilla de las noches
Sobre el pan blanco de todos los días
Sobre las estaciones desposadas
Escribo tu nombre

Sobre todos mis retazos de azur
Sobre el estanque sol mohoso
Sobre el lago luna viviente
Escribo tu nombre
Sobre los campos sobre el horizonte
Sobre las alas de los pájaros
Y sobre el molino de las sombras
Escribo tu nombre

Sobre cada aliento de la aurora
Sobre la mar sobre los barcos
Sobre la montaña enloquecida
Escribo tu nombre

Sobre la espuma de las nubes
Sobre los sudores de la tormenta
Sobre la lluvia espesa insípida
Escribo tu nombre

Sobre las formas centelleantes
Sobre las campanas de colores
Sobre la verdad física
Escribo tu nombre
Sobre los senderos despiertos
Sobre las rutas desplegadas
Sobre las plazas desbordadas
Escribo tu nombre
Sobre la lampara que se enciende
Sobre la lampara que se apaga
Sobre mis casas reunidas
Escribo tu nombre
Sobre el fruto cortado en dos
Del espejo y de mi cuarto
Sobre mi lecho concha vacía
Escribo tu nombre

Sobre mi perro goloso y tierno
Sobre sus orejas erguidas
Sobre su pata desmañada
Escribo tu nombre

Sobre el trampolín de mi puerta
Sobre los objetos familiares
Sobre la onda del fuego bendito
Escribo tu nombre

Sobre el vitral de las sorpresas
Sobre los labios atentos
Muy por encima del silencio
Escribo tu nombre

Sobre mis refugios destruidos
Sobre mis faros desplomados
Sobre los muros de mi hastío
Escribo tu nombre

Sobre la ausencia sin deseos
Sobre la soledad desnuda
Sobre el escalón de la muerte
Escribo tu nombre

Sobre la salud recobrada
Sobre el peligro que se aleja
Sobre la esperanza sin recuerdos
Escribo tu nombre

Y por el poder de una palabra
Vuelvo a recomenzar mi vida
Yo nací para conocerte
Para nombrarte

Libertad.

(Poésie et Vérité, 1942)

VIETNAM - RAFAEL ALBERTI

LO GRITO FUERTE DESDE ROMA: !AFUERA!
AFUERA ESOS FUSILES Y CAÑONES,
ESOS COHETES, ESOS AVIONES,
ESA BANDERA EXTRAÑA, ESA BANDERA.

AFUERA EL QUE EN LA PAZ TAN SOLO ESPERA
INVADIR POR LA PAZ OTRAS NACIONES
Y PLANTA POR LA PAZ SUS PABELLONES
Y PIDE POR LA PAZ LA TIERRA ENTERA.

TRISTE PAZ TAN TRAÍDA Y TAN LLEVADA,
TRISTE PALOMA TAN APUÑALADA
QUE SE PUEDE MORIR TAN DE PALOMA.

PIDO LA ÚNICA PAZ, LA VERDADERA,
LA PAZ DE UN SOLO ROSTRO, ANTES QUE MUERA.
!PIDO LA PAZ! LO GRITO DESDE ROMA.

CESAR VALLEJO
XII MASA (De España, aparta de mí este cáliz)


Al fin de la batalla,
Y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
Y le dijo: “¡No mueras; te amo tanto!”
Pero el cadáver, ¡ay! Siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
“¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!”
Pero el cadáver, ¡ay! Siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien mil, quinientos mil,
Clamando: “¡Tanto amor y no podemos nada contra la muerte!”
Pero el cadáver, ¡ay! Siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
Con un ruego común: “¡Quédate, hermano!”
Pero el cadáver, ¡ay! Siguió muriendo.

Entonces, todos los hombres de la tierra
Le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar...

10 Nov 1937

EL MAL

Mientras los escupitajos rojos de la metralla
silban todo el día en el infinito del cielo azul;
mientras escarlatas o verdes, junto al rey burlón
se desploman en masa los batallones bajo el fuego;

mientras una espantosa locura machaca
y hace de cien millares de hombres una pila humeante
—¡pobres muertos!, en el verano, en la yerba, en tu alegría,
¡oh Naturaleza!, tú que hiciste a estos hombres santamente—,

hay un Dios que se ríe de las telas adamascadas
de los altares, del incienso, de los grandes cálices de oro;
un Dios que con el balanceo de los hosannas se duerme

y sólo se despierta cuando algunas madres, recogidas
en su angustia y llorando bajo su vieja toca negra,
le dan una perra gorda liada en su pañuelo.
ARTHUR RIMBAUD (1854-1891). Trad. de Juan Abeleira.


ODA A ESPAÑA
Escucha, España, la voz de un hijo
que te habla en lengua no castellana:
hablo en la lengua que me ha legado
la tierra áspera;
en esta lengua pocos te hablaron;
en la otra demasiado.

Demasiado te hablaron de los saguntinos
y de los que por la patria mueren:
y por tus glorias y tus recuerdos,
recuerdos y glorias sólo de muertos,
triste has vivido.

Yo quiero hablarte de otra manera.
¿Por qué verter la sangre inútil?
Vida es la sangre si está en las venas,
vida para hoy y para los que vengan;
vertida está muerta.

Demasiado pensabas en tu honor
y escasamente en tu vida:
trágica entregabas tus hijos a la muerte,
te satisfacías de honras mortales
y eran tus fiestas los funerales,
¡oh triste España!

Yo he visto barcos zarpar repletos
de hijos que a la muerte dabas:
sonrientes marchaban hacia el azar;
y tú cantabas junto a la mar
como una loca.

¿Dónde los barcos? ¿Dónde los hijos?
Pregúntalo al Poniente y a la ola brava:
todo perdiste, ninguno tienes.
¡España, España, vuelve en ti,
rompe en llanto de madre!

¡Sálvate, oh!, sálvate de tanto mal;
que el llanto te haga fecunda, alegre i viva;
piensa en la vida que te rodea:
alza la frente,
sonríe a los siete colores que hay en las nubes.

¿Dónde estás, España, que no te veo?
¿No oyes mi voz atronadora?
¿No entiendes esta lengua que te habla entre peligros?
¿Has dejado de entender a tus hijos?
¡Adiós, España!
JOAN MARAGALL. 1898. Trad. de Carlos González.


SUCEDE

Sucede que un barco se ha llevado a mi amada
Sucede que hay seis globos cautivos en el cielo y al anochecer parecen larvas de estrellas
Sucede que un submarino alemán la tenía tomada con mi amor
Sucede que veo a mi alrededor miles de pequeños abetos reventados por los obuses
Sucede que un soldado pasa cegado por los gases asfixiantes
Sucede que hemos hecho trizas las trincheras Nietzsche Goethe y Colonia
Sucede que me consumo aguardando una carta que no llega
Sucede que en mi valija llevo varias fotos de mi amor
Sucede que los prisioneros pasan ante mí con cara de inquietud
Sucede que los servidores de una de las baterías se afanan nerviosos alrededor de los cañones
Sucede que ahí viene el cabo cartero trotando por el camino del Árbol aislado
Sucede que dicen que hay un espía merodeando por aquí invisible como el horizonte del cual se ha revestido indignamente y con el cual se confunde
Sucede que el busto de mi amor se yergue como un lirio
Sucede que un capitán aguarda con ansiedad los telegramas del Atlántico
Sucede que a medianoche varios soldados sierran maderos para los ataúdes
Sucede que un grupo de mujeres pide a gritos maíz ante un Cristo cubierto de sangre en México
Sucede que la corriente del Golfo es tan tibia y tan benéfica
Sucede que hay un cementerio repleto de cruces a 5 kilómetros de aquí
Sucede que hay cruces por todas partes aquí y allá
Sucede que esos cactus de Argelia dan higos chumbos
Sucede que existen las largas y suaves manos de mi amor
Sucede que me hice un tintero con una espoleta de obús de 15 centímetros que no nos dejaron disparar
Sucede que mi silla de montar está ahí fuera expuesta a la lluvia
Sucede que los ríos no remontan sus corrientes
Sucede que el amor me arrastra con dulzura
Sucede que un prisionero alemán llevaba su ametralladora a la espalda
Sucede que hay hombres en el mundo que jamás estuvieron en la guerra
Sucede que algunos hindúes miran asombrados las campiñas de Occidente y piensan con melancolía en aquellos que no saben si volverán a ver
Pues esta guerra ha llevado muy lejos el arte de la invisibilidad
GUILLAUME APOLLINAIRE. Trad. de Juan Abeleira. Primera Guerra Mundial.


EL POETA RECUERDA LAS TIERRAS DE SORIA

¡Ya su perfil zancudo en el regato,
en el azul el cielo de ballesta,
o, sobre el ancho nido de ginesta,
en torre, torre y torre, el garabato
de la cigüeña!... En la memoria mía
tu recuerdo a traición ha florecido;
y hoy comienza tu campo empedernido
el sueño verde de la tierra fría.
Soria pura, entre montes de violeta.
Di tú, avión marcial, si el alto Duero
adonde vas, recuerda a su poeta
al revivir su rojo Romancero;
¿o es, otra vez, Caín, sobre el planeta,
bajo tus alas, moscardón guerrero?
ANTONIO MACHADO. Poesías de Guerra. 1936-1939.


"después de por supuesto dios américa yo
amo tu tierra de los peregrinos y demás oh
mirad cuando se inicia el alba mi
país por los siglos en vaivén
y no hay de qué preocuparse
en todos los idiomas incluso el sordomudo
tus hijos aclaman tu glorioso nombre en gorry
en jingo en gee en gosh en gum
por qué hablar de belleza qué hay más be-
llo que estos heroicos felices muertos
arrojados como leones en la rugiente carnicería
no podían pensar que con su muerte
habría de enmudecer la libertad?"

Dijo. Y bebió enseguida un vaso de agua
E.E. CUMMINGS. Collected Poems. 1938. Trad de Alfonso Canales.


GUERRA

La vejez en los pueblos.
El corazón sin dueño.
El amor sin objeto.
La hierba, el polvo, el cuervo.
¿Y la juventud?
En el ataúd.

El árbol solo y seco.
La mujer como un leño
de viudez sobre el lecho.
El odio sin remedio.
¿Y la juventud?
En el ataúd.
MIGUEL HERNÁNDEZ. Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941)


SE EQUIVOCÓ LA PALOMA

Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.

Por ir al norte, fue al sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba.

Creyó que el mar era cielo;
que la noche, la mañana.
Se equivocaba.

Que las estrellas, rocío;
que la calor, la nevada.
Se equivocaba.

Que tu falda era su blusa;
que tu corazón, su casa.
Se equivocaba.

(Ella se durmió en la orilla.
Tú, en la cumbre de una rama).
RAFAEL ALBERTI. Entre el clavel y la espada. 1941.


EXPLICO ALGUNAS COSAS

Preguntaréis: Y dónde están las lilas?
Y la metafísica cubierta de amapolas?
Y la lluvia que a menudo golpeaba
sus palabras llenándolas
de agujeros y pájaros?

Os voy a contar todo lo que me pasa.
Yo vivía en un barrio
de Madrid, con campanas,
con relojes, con árboles.

Desde allí se veía
el rostro seco de Castilla
como un océano de cuero.
Mi casa era llamada
la casa de las flores, porque por todas partes
estallaban geranios, era
una bella casa
con perros y chiquillos.
Raúl, te acuerdas?
Te acuerdas, Rafael?
Federico, te acuerdas
debajo de la tierra,
te acuerdas de mi casa con balcones en donde
la luz de junio ahogaba flores en tu boca?
Hermano, hermano!

Todo
eran grandes voces, sal de mercaderías,
aglomeraciones de pan palpitante,
mercados de mi barrio de Argüelles con su estatua
como un tintero pálido entre las merluzas:
el aceite llegaba a las cucharas,
un profundo latido
de pies y manos llenaban las calles,
metros, litros, esencia
aguda de la vida,
pescados hacinados,
contextura de techos con sol frío en el cual
la flecha se fatiga,
delirante marfil fino de las patatas,
tomates repetidos hasta el mar.

Y una mañana todo estaba ardiendo
y una mañana las hogueras
salían de la tierra
devorando seres,
y desde entonces fuego,
pólvora desde entonces,
y desde entonces sangre.
Bandidos con aviones y con moros,
bandidos con sortijas y duquesas,
bandidos con frailes negros bendiciendo
venían por el cielo a matar niños,
y por las calles la sangre de los niños
corría simplemente, como sangre de niños.

Chacales que el chacal rechazaría,
piedras que el cardo seco mordería escupiendo,
víboras que las víboras odiaran!

Frente a vosotros he visto la sangre
de España levantarse
para ahogaros en una sola ola
de orgullo y de cuchillos!

Generales,
traidores:
mirad mi casa muerta,
mirad España rota:
pero de cada casa muerta sale metal ardiendo
en vez de flores,
pero de cada hueco de España
sale España,
pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos,
pero de cada crimen nacen balas
que os hallaran un día el sitio
del corazón.

Preguntaréis por qué su poesía
no nos habla del sueño, de las hojas,
de los grandes volcanes de su país natal?

Venid a ver la sangre por las calles,
venid a ver
la sangre por las calles,
venid a ver la sangre
por las calles!
PABLO NERUDA. Tercera residencia. "España en el corazón". 1947.


A LA INMENSA MAYORÍA

Aquí tenéis, en canto y alma al hombre
aquel que amó, vivió, murió por dentro
y un buen día bajó a la calle: entonces
comprendió: y rompió todos sus versos.

Así es, así fue. Salió una noché
echando espuma por los ojos, ebrio
de amor, huyendo sin saber adónde:
a donde el aire no apestase a muerto.

Tiendas de paz, brizados pabellones,
eran sus brazos, como llama al viento;
olas de sangre contra el pecho, enormes
olas de odio, ved, por todo el cuerpo.

¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! Ángeles atroces
en vuelo horizontal cruzan el cielo;
horribles peces de metal recorren
las espaldas del mar, de puerto a puerto.

Yo doy todos mis versos por un hombre
en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,
mi última voluntad. Bilbao, a once
de abril, cincuenta y uno.
BLAS DE OTERO. Pido la paz y la palabra. 1955.


SEVERA CONMINACIÓN DE UN CIUDADANO DEL MUNDO

Mataos
pero dejad tranquilo a ese niño que duerme en una cuna.

Si vuestra rabia es fuego que devora tal cielo
y en vuestras almohadas crecen las pistolas:
destruíos aniquilaos ensagrentad
con ojos desgarrados los acumulados cementerios
que bajo la luna de tantas cosas callan
pero dejad tranquilo al campesino
que cante en la mañana
el azul nutritivo de los soles.

Invadid con vuestro traquetreo
los talleres los navíos las universidades
las oficinas espectrales donde tanta gente languidece
triturad toda rosa hollad al noble pensativo
preparad las bombas de fósforo y las nupcias del agua con la muerte
que han de aplastar a las dulces muchachas paseantes
en esta misma hora que sonríe
por una desconocida ciudad de provincias
pero dejad tranquilo al joven estudiante
que lleva en su corazón un estío secreto.

Inundad los periódicos las radios los cines las tribunas
de entelequias estructuras incompatibilidades
pero dejad tranquilo al obrero que fumando un pitillo
ríe con los amigos en aquel bar de la esquina.
Asesinaos si así lo deseáis
exterminaos vosotros: los teorizantes de ambas cercas
que jamás asiríais un fusil de bravura
pero dejad tranquilo a ese hombre tan bueno y tan vulgar
que con su mujer pasea en los económicos atardeceres.

Aplastaos pero vosotros
los inquisitoriales azuzadores de la matanza
los implacables dogmáticos de estrechez mentecata
los monstruosos depositarios de la enorme Gran Estafa
los opulentos energúmenos que en alza favorable de cotizaciones
preparáis la tripulación de los sueños modestos
bajo un hacha de martirios inútiles.

Pisotead mi sepulcro también
os lo permito si así lo deseáis inclusive y todo
aventad mis cenizas gratuitamente
si consideráis que mi voz de la calle no se acomoda a vuestros fines suculentos
pero dejad tranquilo a ese niño que duerme en una cuna
al campesino que nos suda la harina y el aceite
al joven estudiante con su llave de oro
al obrero en su ocio ganado fumándose un pitillo
y al hombre gris que coge los tranvías
con su gabán roído a las seis de la tarde.

Esperan otra cosa.
Los parieron sus madres para vivir con todos
y entre todos aspiran a vivir tan sólo esto
y de ellos ha de crecer
si surge
una raza de hombres con puñales de amor inverosímil
hacia otras aventuras más hermosas.

15 de agosto de 1951
Santander
MIGUEL LABORDETA. Epilírica. 1961.


EL CAMPO DE BATALLA

Hoy voy a describir el campo
de batalla
tal como yo lo vi, una vez decidida
la suerte de los hombres que lucharon
muchos hasta morir,
otros
hasta seguir viviendo todavía.

No hubo elección:
murió quien pudo,
quien no pudo morir continuó andando,
los árboles nevaban lentos frutos,
era verano, invierno, todo un año
o más quizá: era la vida
entera
aquel enorme día de combate.

Por el oeste el viento traía sangre,
por el este la tierra era ceniza,
el norte entero estaba
bloqueado
por alambradas secas y por gritos,
y únicamente el sur,
tan sólo
el sur,
se ofrecía ancho y libre a nuestros ojos.

Pero el sur no existía:
ni agua, ni luz, ni sombra, ni ceniza
llenaban su oquedad, su hondo vacío:
el sur era un enorme precipicio,
un abismo sin fin de donde,
lentos,
los poderosos buitres ascendían.

Nadie escuchó la voz del capitán
porque tampoco el capitán hablaba.
Nadie enterró a los muertos.
Nadie dijo:
"dale a mi novia esto si la encuentras
un día".

Tan sólo alguien remató un caballo
que, con el vientre abierto,
agonizante,
llenaba con su espanto el aire en sombra:
el aire que la noche amenazaba.

Quietos, pegados a la dura
tierra,
cogidos entre el pánico y la nada,
los hombres esperaban el momento
último,
sin oponerse ya,
sin rebeldía.

Algunos se murieron,
como dije,
y los demás, tendidos, derribados,
pegados a la tierra en paz al fin,
esperan
ya no sé qué
—quizá que alguien les diga:
"amigos, podéis iros, el combate..."

Entre tanto,
es verano otra vez,
y crece el trigo
en el que fue ancho campo de batalla.
ÁNGEL GONZÁLEZ. Sin esperanza, con convencimiento. 1961.


¿Sabes que son plácidos almirantes
quienes nos conducen al exterminio
y que obesos y torpes generales adquieren
el obsceno vicio de la sangre joven?
JIM MORRISON. Una plegaria americana. 1970.


¡CENTINELA ALERTA!

Esta noche cierta y clara
se puede morir...
vendría
la muerte calladamente
hasta la sangre sumisa,
calladamente durmiendo
su pujante valentía.
Sobre el campo amoratado,
la creciente maravilla
del alba, los pardos montes
de Alta Coloma, las líneas
de trincheras, y el azar
de estar todavía con vida...
Tal vez intenten mañana
reconquistarlas...
vendría
la muerte calladamente
hasta mis ojos, vendría
para asombrar la mirada
con su presencia tranquila
como la noche que eleva
a Dios la creación unida.

Tendidos están los cuerpos
que mi cuidado vigila,
tendidos y ya entregados
a la muerte o la fatiga;
uniéndolos y abrazándolos,
la tierra que nos afirma,
casi maternal acoge
el silencio y la ceniza
de los heridos que sueñan
vivir con el nuevo día,
y de los muertos que tienen
desclavada la sonrisa.
Se están uniendo las sangres
que no se unieron en vida,
solas ya sobre la tierra
para encontrarse caminan
que la muerte no vendrá
vencedora, ni vencida.

Ayer desertaron varios
soldados de nuestras filas
y hoy estoy de centinela:
poca defensa es la mía.

Todos los que perderemos
un poco más que la vida
luchamos juntos...
mañana,
tendrán carta y alegría
los que son queridos...
¡campos
de Alcalá, tierra batida
con cuerpos vivos y muertos
entre olivares y espigas!

—Señor que sabes mi nombre...

cuando la oración termina
la luz revela el milagro
de su aparición...
vendría
la muerte calladamente
hasta mis ojos, vendría
sin despertarme del sueño,
la muerte, la peregrina,
y la carne que la niega
será carne sucedida.
LUIS ROSALES. Segundo Abril. 1972.


Opina un civilizado.
¿Cómo? Con sus aviones.
¿O es la influencia del Hado?

Opina un desconocido.
¿Cómo? Con la pistola.
¿Cae un hombre malherido?

Opina un color: el blanco.
¿Cómo? Con algunas balas.
¿El negro ha de ser el blanco?

Opina un gobierno fuerte.
¿Cómo? Con tanque en la calle.
Muerte, muerte, muerte, muerte.
JORGE GUILLÉN. Y otros poemas. 1973.


CUANDO MADRID ERA SARAJEVO

En Madrid llovía metralla,
llovía injusticia,
llovían muertos.
Me regalaron un cordero.
"Tienes para comer un mes" me dijeron.
Los ojos del cordero me dijeron otra cosa.
Yo, por poco me muero de hambre.
El cordero se murió de viejo.
Nos cogimos cariño,
él y yo solos bajo los bombardeos.
Después iba a por hierba a los solares
para mi cordero.
Le enseñé a comer papel
con los partes de guerra
a mi cordero.
GLORIA FUERTES. En V.V.A.A. Bajo los puestes del Drina. 1993.