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Aumentar tamaño del textoDisminuir tamaño del textoPartir el texto en columnas Revilla y todos los demás

Eva Sánchez Ballesteros - Publicado en El Mundo - Diario de Soria


Vista de Ólvega desde la Sierra
El secreto del desarrollo olvegueño es la fórmula del éxito codiciada por los municipios del entorno. De la industria de Ólvega se habla, y mucho, en los últimos días y en términos más que satisfactorios. El reconocimiento ofrecido la semana pasada a Emiliano Revilla es más que justo y refleja el agradecimiento de los empresarios al impulsor del polígono que ahora lleva su nombre. Pero el desarrollo de Ólvega se escribe con otros nombres propios y es justo hacer mención de algunos de ellos. El primero que recuerdo es el de José Manuel Tello, alcalde socialista que ocupó el cargo desde 1983 a 1995. Un hombre duro, exigente, emprendedor, visionario y empeñado en que Ólvega debía burlar la amenaza de la despoblación cuando la industria chacinera comenzaba a hacer aguas en la década de los 80. Fue él quién sentó las bases de la reforma olvegueña, impulsor de los aires de cambio que puso en marcha con un entusiasmo por el futuro de su pueblo que llegó a contagiar a la mayoría de sus moradores.

A Tello lo recuerdo bien porque además fue mi maestro en el colegio y la persona que me enseñó las primeras nociones de periodismo. Su fallecimiento repentino en 1999 le privó de disfrutar de las mieles del desarrollo que él mismo había impulsado. En el cargo le siguió Gerardo Martínez, un político optimista que cree firmemente en las posibilidades de futuro de Ólvega. Eclipsado en muchas ocasiones por el destello que deja la figura de Revilla, se ha dedicado, sin hacer mucho ruido, a transformar el pueblo en una pequeña ciudad atractiva para vivir que ayude a asentar la mano de obra necesaria para las empresas atraídas por el industrial. Mientras, en la oposición se ha mantenido el espíritu de Tello, con un grupo que se ha sumado al carro del desarrollo controlando sus desfases y aportando ideas. Cerrando el círculo los propios olvegueños, a los que les identifica el carácter emprendedor y que no han dudado en arriesgar sus propios intereses por el bien común del municipio.

El secreto de Ólvega radica en un duro trabajo, pero también en el respeto mutuo, el entusiasmo y una postura común encaminada a hacer realidad el ‘milagro olvegueño’.